sábado, 24 de octubre de 2009

Un día de rutina…

Me levanto a eso de las 6am. Puntual porque tengo el reloj del celular y la televisión que automáticamente procede a encender 6:01am… Para no tener que levantarme de momento siempre dejo en cualquier época de año la ventana abierta, así por así en invierno no se me hace un mundo levantarme (porque ya me levanté por el frío de toda la madrugada). Solo así, resignado ante tanta bulla repetitiva y brisa mañanera, salto de momento y voy corriendo al baño, pero antes saludo a mi perrita que duerme justo en la puerta de mi habitación. Me mira con una cara de odio y resignación (“este huevón ya se levantó y no contento con eso, jode a la gente que está durmiendo… grrrr”) Le agarro el cuello que tiene un particular matiz caramelo con una manchita blanca, le levanto la trompa y le digo: “esha moshitaaaaa” le beso la frente y de arranque al baño (aunque no sé por qué me apuro porque a esa hora nadie lo usa jajaja) En fin, me lavo, entro en calor, salgo para hacer ejercicios en mi cuarto (no todos los días pero cuando hay rutina lo hago) . Después, ya entradito en furor a la ducha a la mala, un sacudón a todo el cuerpo y vuelvo a reaccionar porque la modorra es inevitable… Salgo embalado porque el frío jode, me refresco con el agua de colonia después de la ducha, a veces me hace dormir de nuevo y procedo a elegir qué ponerme este día (la verdad tooodos los días, miserablemente, pierdo mi tiempo, 2 minutos, pensando qué ponerme) Parece todo tan cotidiano porque ni el tiempo mido, pero si, eso sí, me demoro 45 minutos clavados, entre vestirme, color de calcetines, terno, si está limpio o no, camisa de color, combinar qué cosa va, si tengo una extra (jajaja) buscar las chucherías, el reloj, la billetera, el pañuelo, la colonia, el pasaje el carnet de medio pasaje, el sencillo (para el cobrador) las llaves, la tarjeta de control de la chamba (todo eso en ese orden) una vez terminado conmigo, recién veo qué debo llevar en la mano: el cuaderno de turno, lapicero azul y negro, copias, separatas, documentos, un libro (infaltable), el MP4 y si hay trámites adicionales, llevarlos conmigo. Cuando todo está decidido recién coloco en mi mochilita de comilona, la adapté o como alguien me dijo por allí “qué práctico te has vuelto, Tú?”. Quise comprarme una más grande pero decidí que también muy grande no conviene (ahora me arrepiento porque a veces la hago reventar)… Y eso que no hablo del plato que debo llevar y los cubiertos (set completo) pero ya todo tiene su lugar y son pocas veces que retiro algunas cosas, por lo menos es lo básico que siempre llevo.

Para eso ya saludo a los vecinos de las habitaciones, mi hermano a veces me pasa la voz a veces sale embalado porque ya es tarde, jajaja, a veces veo a mi hermana pero para ella es 01:00 am. Así que presumo sigue durmiendo. Para eso ya son las 07:30 horas. Mi mamá hace su caminata de rutina, a veces cuando regresa la veo toda cansadita y gustosa viene con el desayuno en la mano. No me gusta que haga eso, total en la calle encuentro de todo jajaja y como a mis anchas… Muchas oportunidades encuentro la leche servida. Les digo que no es necesario y varias veces he dejado de tomarlo para que me entiendan, sin embargo hay un efecto contrario: “Malagradecido”. Por eso he tratado de negociar que ya no me dejen nada porque igual como en la calle. Me entienden a medias. O en otros casos hay leche en caja que caliento un par de minutos y listo con eso voy en el estómago… No sin antes preparo la merienda mañanera: el plato de comida y un par de manzanas verdes que me fascinan… Con todo y todo salgo raudamente, me despido de los papás y siempre me encuentro con la señora vecina de en frente de casa “Señito, que tal buen día”. Para mi solo se pone a chismear jajaja pero es mamá de dos de mis mejores amigos (que hace tiempo no los veo, dicho sea de paso)… Uno de ellos se mudó porque no aguantaba huevadas en su casa y el otro compadre que lo veo muy poco…



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